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Tucumán
RUINAS DE QUILMES


Textos y fotos: Belen Etchegaray / FNA

Si antes de iniciar el viaje, uno se detiene a leer un poco sobre las Ruinas de Quilmes, sabremos que allí vivieron -y resistieron por muchos años a la conquista española- el pueblo originario Quilmes; que parte de ellas fueron restauradas y que se encuentran a 180 km de Tucumán.
A simple vista, pareciera que esos datos son más que suficientes para interesar a cualquier viajero a llegar a esas tierras... así fue como en Enero del 2011 emprendimos el viaje.

Hicimos base en el pueblo de Amaicha del Valle, y entusiasmados emprendimos el camino que nos llevaría a las ruinas. Desde el camino, logramos divisar el pucará (fortaleza) como si estuviera colgando de una superficie pedregosa y elevándose hasta la cima con estratégicas construcciones dispuestas en bloques escalonados.

Al ingresar, optamos por iniciar el recorrido acompañados por Zulema Marcial González (pacha), pobladora, guía y descendiente de los Quilmes, con intenciones de conocer un poco más sobre la historia del lugar y sus secretos. No nos equivocamos! Zulema nos interiorizó en la historia de esa parte de Argentina de una manera que no sale en los libros, ni en las guías... de una manera más simple, más sentida, más humana... como quien cuenta su propia historia, la historia de sus abuelos.
En la medida que nos íbamos acercando a las construcciones, y escuchábamos las explicaciones de Zulema, logramos cambiar nuestra mirada, dejando de ver simples paredes de piedra, por áreas urbanas bien definidas, las que ocupan aproximadamente tres kilómetros cuadrados.


Al observar la ciudad desde lo alto, se descubre que formaba un denso caserío, dispuesto irregularmente, alternando espacios abiertos tipo “plaza” y vinculadas entre sí por escalinatas, pasajes y callejones.
Cada sector estaba bien definido, existiendo una zona de trabajo, de vivienda, de cementerio y de almacenaje de alimento.


Todas las construcciones son un ejemplo de construcción defensiva, donde se destacan los pucará, los que les brindaba una visión panorámica que abarca norte, este y sur del Valle de Santa María, más las cumbres Calchaquíes. Esto les permitía a los centinelas descubrir cualquier movimiento que se produjera en el área, sobre todo –a partir de 1536- de las huestes españolas, las que eran fácilmente visibles por el polvo que levantaba la caballería y el brillo de sus yelmos al sol.

Zulema tiene la piel oscura y la voz clara, la que no le tiembla mientras camina entre morteros y paredes de piedra a 2000 mts de altura. Nos explica la diferencia entre los diferentes morteros, cuáles eran las casas comunes, recintos de almacenamiento de alimentos y galerías que comunicaban un lugar con otro.
Se le afirma la voz cuando nos cuenta orgullosa que los Quilmes fueron un pueblo aguerrido, que combatió hasta el final cuando, después de tres guerras (la primera en 1562, la segunda en 1630 y la tercera guerra Calchaqui en 1659), los españoles los sitiaron y los tomaron finalmente presos, castigándolos con el desarraigo.

Los sacaron de sus montañas y los llevaron caminando por más de 1000 kilómetros hasta la costa bonaerense donde los recluyeron en la reducción denominada Santa Cruz de los Quilmes, origen de la actual ciudad de ese nombre.
La historia cuenta que salieron 2600 almas hacia Buenos Aires (algunos pocos tuvieron la fortuna de poder escapar y refugiarse en las montañas), llegando a destino menos de 500, quienes morirían tiempo después debido a diferentes epidemias.
Al mismo tiempo, a muchas e incontables leguas de distancia, su pueblo también moría, vacío, sumido en el silencio, sometido al rigor de la naturaleza que fue desmoronando poco a poco sus muros.

El “descubrimiento” de las ruinas...

Según los libros, debieron pasar más de tres siglos antes que, en 1897 fueran descubiertas por el arqueólogo Juan Bautista Ambrosetti. Sin embargo, habían sido halladas antes por Samuel A Lafone Quevedo en 1888. Este escribió entonces en el diario La Nación una serie de cartas informándoles a los periodistas la noticia. Una de ellas mencionaba la confusión de los arqueólogos, quienes creían estar frente a una vizcachera de tamaño gigante y la semejanza de éstas con un panal.
Finalmente, en 1897 Ambrosetti visitó las ruinas e hizo un detallado estudio de ellas y asoció al pueblo Quilmes con el de Amaicha.

Unos años más tarde, en 1911, Burch visitó brevemente las ruinas, y estableció que su extensión es de 3 km2. Además, describió el material cerámico arqueológico hallado allí.
Casi diez años después, en 1919, Schreiter enfocó sus descubrimientos de cementerios de niños en urnas funerarias en las ruinas. Por su parte, Adán Quiroga, en 1929, se encargó de difundir su descubrimiento de piezas de “tejido muy fino" por los alrededores del lugar. Luego de esta clase de “euforia” por las ruinas, el lugar no recibiría más visitas hasta 1977.

La reconstrucción

En 1977, el Estado Provincial, expropió a terceros 206 hectáreas de tierras y llevó a cabo reconstrucciones del sitio en convenio con la Universidad Nacional de Buenos Aires... aunque éste se hizo siguiendo más un carácter turístico que antropológico.
La limpieza y reconstrucción alcanzó solamente al 5% de la ciudad sagrada, y aunque los descendientes del pueblo originario tenían un título de propiedad otorgado por la corona española, éste no tuvo validez cuando pasó a ser República. Hasta ese entonces el dueño era un terrateniente a quien el entonces gobernador Antonio D, Bussi le adquirió 206 hectáreas por medio de la expropiación.

En el año 1992, durante el gobierno de Ramón “Palito” Ortega, se otorgó la concesión de esa zona al empresario Héctor Cruz; dicha concesión fue por diez años a cambio de un canon de 110 pesos argentinos que nunca fue abonado. Este empresario construyó en el lugar un hotel, el cual fue realizado sin los debidos estudios de impacto, lo que ha provocado un daño irreparable.
La CIQ (Comunidad Indígena Quilmes ) realizó una presentación judicial para evitar la prórroga de la concesión, que venció en 2002 y fue apoyada por un recurso de amparo ganado por la Comunidad.


Diferentes piezas de vasijas


Finalmente, el 9 de Enero del 2008, en ejercicio de sus derechos, los descendientes de los Quilmes, realizaron la toma espiritual del lugar, realizando una ceremonia a la Pachamama.
Meses después, un juez local intentó desalojarlos -por una presentación de Cruz, que pretendía seguir explotando la zona-, pero diversas apelaciones le dieron la razón a los descendientes quien, actualmente, siguen protegiendo su ciudad sagrada con el mismo valor y fuerza que sus antepasados, lo que permite hoy poder conocer, admirar, conmovernos, valorizar y respetar la obra de uno de los pueblos mas aguerridos y laboriosos de los Valles Calchaquies.
Más información: http://www.comunidadamaicha.org.ar/kilmes.pdf

 

NOTA AL MARGEN

En la ciudad de Amaicha existe un museo llamado “Pachamama”.
Atraídos por su nombre y esperando encontrar más información sobre la rica historia del lugar, fuimos a visitarlo...

Al ingresar al museo con el guía, me sorprendió enormemente que la primer sala estuviera destinada a la explotación minera (nada más contradictorio, con el nombre del museo!!).
Muestras de piedras, reconstrucción a escala real del tunel de una mina, grandes carteles ilustrativos decoraban la primer gran sala.
En las salas continuas, nos encontramos con dos destinadas a exposiciones de cuadros y telares a la venta, y una sola sala (bastante escasa de información) dedicada a la cultura del lugar.
Todo el lugar, muy bien decorado (con una "versión libre" de iconografía, suponemos, indigenas) no cumple, a mi pobre entender, con lo que un museo con ese nombre debería albergar.
Al finalizar el recorrido, no fue sorpresa saber que dicho museo pertenece al Sr. Cruz, el mismo empresario que construyó un hotel spa sobre las ruinas sagradas de Quilmes.

 



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