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Técnicas de campo básicas
PARA OBSERVAR LA NATURALEZA



Por Claudio Bertonatti (*1)

Fotografias FNAweb.org

1. Acciones previas a una salida o relevamiento de campo

Lo primero que el naturalista o investigador debe plantearse es el objetivo de la salida o relevamiento de campo. En otras palabras: ¿con qué finalidad se encara el viaje?. Por ejemplo: ¿para relevar o inventariar su riqueza biológica?, ¿para avistar a una especie o grupo de especies en particular?, ¿para conocer su estado de conservación?, ¿para establecer normas de manejo?, ¿para definir áreas o planes de trabajo futuros?

Lo segundo y teniendo presente ese objetivo, deberá analizar qué metodología es conveniente aplicar y cuántas personas son necesarias para llevarla adelante. En este punto se abren muchísimas posibilidades, pero todas requieren de una organización, para pautar cómo se invertirá el tiempo, qué función y responsabilidad asumirá cada integrante, quien tomará las decisiones y quien tendrá también la última palabra. Para todo esto se requiere de un presupuesto económico y de una inversión de tiempo, personal y apoyo logístico (movilidad, por ejemplo). Además, antes de encarar el viaje es correcto notificar a la Dirección de Fauna o de Recursos Naturales de la Provincia a visitar sobre nuestras intenciones. Si se visitará un área protegida por esa provincia, además, habrá que solicitar una autorización. Si el área natural está dentro de un parque o reserva nacional deberá solicitarse a la Administración de Parques Nacionales.

Siempre es conveniente relevar primero la bibliografía y luego el campo. Sólo así se podrá aprovechar y ganar tiempo. Libros, artículos periodísticos, entrevistas con otras personas que conozcan el lugar, videos, mapas y fotos serán útiles para familiarizarse antes con lo que vamos a ver.

2. Equipo para efectuar observaciones y reconocimiento de fauna (con énfasis en las aves)

Aunque casi todos los comentarios o sugerencias que siguen ponen foco en las aves silvestres, pueden aplicarse también a mamíferos.

La indumentaria: no es necesario disfrazarse de soldado camuflado para observar fauna, pero sí tener en cuenta la elección de ropa con colores poco llamativos, cómoda y resistente. Debemos considerar que algunos grupos como las aves tienen muy bien desarrollada la vista. Por ello, los colores rojos, azules o "eléctricos" pueden ahuyentarlas o al menos advertirles nuestra presencia. Lo mejor es usar colores naturales (marrones, grises, verdes). En lo que respecta al calzado, debe ser cómodo y -si no es resistente al agua- conviene llevar un segundo par de repuesto.

Los binoculares o prismáticos: son casi imprescindibles para poder observar más y mejor. Los hay variados en peso, forma, tamaño y medidas de las lentes. Notaremos que tienen medidas, como "8 x 30", "10 x 50" u otras. El primer número señala la cantidad de aumentos (cuántas veces más grande vemos al objeto). El segundo indica el diámetro de las lentes. Cuanto mayor sea, más luminoso es el prismático. Ésto no debe engañarnos, porque en una rápida evaluación podríamos elegir los más potentes y luminosos. Pero éstos tienen una desventaja: la distancia mínima de enfoque suele ser muy grande y el pulso deberá ser más firme. Es decir que si tenemos a un ave próxima a nosotros, no podremos enfocarla y seguramente tendremos que alejarnos para ponerla en foco con nitidez. Por regla general, se recomienda un largavistas con medidas cercanas a "8 x 30", que es intermedio. Para lugares abiertos (estepas, pastizales, desiertos, lagunas) son preferibles los más potentes ("12 x 50", por ejemplo), mientras que para lugares con vegetación más densa (bosques, selvas y matorrales) son aconsejables aquellos que permiten poner foco a corta distancia, aunque el aumento no sea muy importante (ej.: "7 x 25"). Por esta razón, las medidas intermedias, como "8 x 30" permiten un uso más "elástico".

Libreta de notas: la primer pregunta que debemos respondernos es ¿qué? y ¿para qué vamos a observar? Uno puede desear salir al campo, simplemente mirar pájaros, aunque ni siquiera le interese saber como se llaman. En este caso, tomaremos a las aves como centro de los comentarios, por tratarse del grupo zoológico con mayor adeptos. En otras ocasiones habrá interesados con otro tipo de aspiraciones, incluso, científicas. Una libreta de anotaciones para el campo puede ser útil en cualquiera de todos estos casos porque permitirá plasmar recuerdos, momentos gratos, datos útiles, descripciones, anécdotas y observaciones de interés biológico o conservacionista. Todo depende del observador y de su interés. Para aquellos que tengan inclinaciones ornitológicas, es importante anotar: fecha, lugar, hábitat, estado del clima y las especies observadas. Cuando se detecte un ave que hasta el momento nunca había conocido "en vivo y en directo" es útil tomar nota de su descripción y comportamiento. Ésto no sólo permitirá corroborar su identidad cuando se consulte la guía de campo de aves, sino que nos será más fácil recordarla. Para facilitar o agilizar la toma de notas, a veces, los dibujos esquemáticos pueden ser muy útiles. Para cualquier descripción es aconsejable prestar atención a: silueta, tamaño, color y conducta del ave, ¿a cuál se parece de las que ya conocemos?, ¿cómo es el pico?, ¿cómo se para?, ¿qué actitud tiene?. En fin, cuanto mayor es la información, mayor será la posibilidad de identificarla y aportar nuevos datos sobre su vida o historia natural. Existe lo que se llama la topografía o toponimia del ave, o sea el nombre de las distintas partes de su cuerpo (ver hoja adjunta). Recordarlos ahorrará tiempo. No es lo mismo decir o escribir "remeras primarias" que "las primeras plumas del ala" o "ceja" que "una línea que pasa sobre el ojo".

Guías de campo: es un elemento indispensable de consulta, aunque es materia opinable si conviene o no tenerla a mano en todo momento. Muchas veces, cuando se sale a observar con la guía bajo el brazo, por comodidad, no se toman notas ni descripciones y se apuesta a la memoria para recorrer dibujos y encontrar lo más parecido a ese recuerdo. Ésto no es lo más aconsejable y menos aún cuando se está iniciando en la observación. Ningún recuerdo sustituye a una descripción, aunque luego de tomar los datos uno vaya recordando más cosas. Puede ser aconsejable tener la guía a mano en la salida pero como herramienta para cotejar nuestros datos. En cuanto a la guía indicada (cuando hay posibilidad de elección), la más útil será aquella con la que mejor nos entendamos y la que mejor se adapte a nuestro lugar de observación. Cuanto más local sea, mejor, porque facilitará el reconocimiento de las aves de esa localidad, provincia o región. ¿Para qué tener –por ejemplo- una guía de aves de toda la Argentina si vivimos en Córdoba o Tierra del Fuego, por ejemplo? Pero si somos viajeros, la cosa es distinta. Esas guías provinciales o regionales ya no nos serán tan útiles y nos convendrá disponer de una más completa con todas las aves del país.

3. Instrumentos para capturar animales (con énfasis en los mamíferos)

A diferencia de lo que suele suceder con la enorme mayoría de las aves, el avistaje directo de mamíferos suele ser excepcional. Distintas razones avalan esta dificultad:

· Hábitos nocturnos o crepusculares
· Refugios o hábitat adverso para la observación
· Mimetismo
· Tamaño pequeño (ej.: roedores)
· Complejidad para reconocer a simple vista (ej.: murciélagos)
· Temor al hombre

Ese breve diagnóstico, casi obliga a efectuar capturas o colectas para relevar la mastofauna (fauna de mamíferos). En ambos casos, siempre se debe requerir el permiso escrito de las autoridades gubernamentales (por lo general, la Dirección de Fauna local). De lo contrario, se incurrirá en un ilícito. Ilícito que todos debemos evitar. Por otra parte, una cosa es capturar y otra colectar. La colección (muerte del animal) siempre debe tener un justificativo real y valedero, dado que existen muchas alternativas para obtener información de un modo que no implique la muerte de un ser vivo. La captura (viva) es una alternativa que también requiere cuidado, capacitación, entrenamiento o experiencia, porque mal hecha lleva a la muerte inútil de animales.

Comúnmente, la captura es aprovechada para la toma de datos específicos a nivel de ejemplar, como peso y medidas corporales. También, la ocasión es aprovechada para efectuar marcados o colocación de identificaciones de los individuos. Esto es de sumo valor para, por ejemplo, conocer (mediante recapturas):

· longevidad
· cambios morfométricos (por crecimiento, peso, por ejemplo)
· cambios de coloración (en el caso de las aves, recordemos que existen plumajes “reproductivos” o “de reposo sexual”)
· rutas migratorias (paradas, nociones de su velocidad de desplazamiento o duración de su migración, etc.).
· abundancia

Material o instrumento
Utilidad
Pinzas
Invertebrados
Redes de mano
Invertebrados, peces y anfibios
Redes de malla o mallón
Peces
Redes de neblina
Captura de aves y/o murciélagos
Redes de neblina
Captura de aves y/o murciélagos
Trampas-jaula (con cebo)
Captura de micromamíferos
Trampas-shermann (con cebo)
Captura de micromamíferos (en especial, roedores)
Rifle hipodérmico
Captura –con anestesia- de animales estresables o peligrosos a mediana o larga distancia
Servatanas lanza-tranquilizantes
Captura –con anestesia- de animales a media o corta distancia
Reflectores y linternas
Asistencia para la captura o avistaje de anfibios, aves y mamíferos de noche.

 

Complementariamente, la identificación de huellas es muy útil. En aquellos casos que se encuentre una de especie no reconocida, la huella puede ser calcada con yeso. La tarea es sencilla y sólo requiere de yeso en polvo, agua, un recipiente donde realizar la mezcla y cartón para enmarcar la huella y derramar el yeso semi-cremoso sobre la misma. Así, en 20 minutos se toma una muestra.

4. Técnicas de reconocimiento de plantas

El caso de las plantas es distinto. Por lo general, quien trabaja con fauna no trabaja con plantas, al menos, no lo hace al mismo tiempo.

El relevamiento o reconocimiento de plantas requiere de otra estrategia. La recorrida por distintos tipos de hábitats y terrenos. Cuando los conocimientos son limitados, el ojo prestará atención primordial a flores y frutos, dado que son estos los que permitirán reconocer a una especie de otra. Es más, si es necesario realizar un herbario, sólo tiene verdadero sentido colectar fragmentos de plantas con flor o fruto. El herbario requiere de un esfuerzo considerable de tiempo, esfuerzo físico, paciencia y disciplina. Diariamente es importante renovar el papel de diario en el que se prensan las plantas, para evitar que la humedad (que conservan) termine deteriorándolas. Además, cada ejemplar colectado requiere de una ficha técnica que identifique su localidad, ubicación, hábitat y toda observación que se estime pertinente. Si no hay garantías de mantener esta disciplina, la herborización debe desestimarse. Por lo general, los botánicos colectan varios ejemplares de una misma especie, pero –en todos los casos- sólo cuando se justifique por representar un valor testimonial irremplazable.

Más tarde, el trabajo de gabinete demandará la consulta de claves, guías o manuales para reconocer o identificar el “material” colectado. Siempre es aconsejable que la colección finalmente sea donada y depositada en la de un museo o instituto oficial. Sólo así se optimiza y perpetúa el esfuerzo del colector.

5. Recomendaciones generales para el trabajo en el campo

Para salir a observar fauna es conveniente comenzar al amanecer o al atardecer, dado que son los momentos en que los animales despliegan mayor actividad y en que hay más posibilidades de detectarlas y ver como viven. De todos modos, conviene realizar caminatas o recorridas nocturnas de modo complementario, con el apoyo de linternas o reflectores. Algunos lugares interesantes para relevar –por su riqueza de especies- son lagunas, costas con vegetación, campings, basurales, charcas temporarias en época de seca y plantas con abundantes flores, frutos o semillas.

Al momento de iniciar una caminata, conviene seleccionar un circuito que permita tener el sol a nuestra espalda. Tenerlo de frente molestará nuestra vista y dificultará la identificación de la fauna o flora a contraluz. Si vamos acompañados, con dos o tres personas está bien. Un número mayor puede ser más entretenido, pero menos eficaz. Si hace calor y hay insectos, podrán agradecer que les recuerde llevar repelente. Conviene ir en silencio, dado que nuestras voces permitirán a la fauna advertir nuestra presencia y esconderse o huir (actitudes comprensibles si consideramos que no todos sabemos comportarnos civilizadamente con ella).

Si se quiere indicar la posición de un ave sobre un árbol, por ejemplo, puede sugerir que se imagine un reloj con agujas y que el pájaro está posado "a las 3". Esto suele ser mejor que decir, “¿no lo ves? ¡Está ahí!, al lado de esa ramita”. Pero, usualmente, hay tantas ramitas que hasta que se ubica la que es objeto de atención, el animal ya no está. Otro aspecto interesante a tener en cuenta es lo que se conoce como la “distancia de fuga”. Cuando tratamos de acercarnos a un ave, ella permitirá o aceptará nuestra cercanía hasta un límite en centímetros o metros. Si lo traspasamos, sin dudas, se alejará. Y, si repetimos el intento, cuando alcancemos la misma distancia a la cual huyó antes, se retirará de nuevo, pero cada vez más lejos, porque lo tomará como una amenaza. Por eso, tampoco es recomendable acercarse en línea recta. Queda claro, entonces, que si huyó de nosotros una vez e insistimos con aproximamos de nuevo, casi seguro, se mostrará más desconfiada. Avancemos en zigzag, simulando desinterés.

Básicamente, tenemos dos formas de observar aves: salimos en su búsqueda o nos ocultamos a esperarlas, como cazadores. Los dos métodos ofrecen ventajas y desventajas y en una misma salida pueden aplicarse ambos. Si nos interesa observar aves de una familia en particular (ej.: rapaces o patos) buscarlas con exclusividad será más efectivo que ir mirando todas las aves que se crucen en nuestro camino. Cuando escuchemos aves que no se dejan ver o que están ocultas, imitemos sus voces, porque tendremos más posibilidades de atraer su curiosidad y, así, verlas. Si imitarlas es complicado, podemos intentar con una serie de suaves y repetidos “psí-psí-psí-psí...”. En algunas ocasiones, este tipo de vocecitas recuerda el llamado de pichones o juveniles y logra llamar la atención de las aves adultas. En mi opinión, este tipo de imitaciones permiten obtener mejores resultados que con el empleo de llamadores o silbatos.

Los amantes de la fotografía pronto tendrán un dilema: ¿se puede observar y fotografiar al mismo tiempo? Como poder, se puede, pero las dos cosas no se pueden hacer bien. Deberemos escoger qué es lo que más nos interesa.

Si se desea ingresar a una propiedad privada, solicitemos autorización. Si explicamos nuestras intenciones, difícilmente nos nieguen el permiso. En tal caso, seamos respetuosos y limitémonos a hacer lo que dijimos que íbamos a hacer. Siempre será valorado un comentario de nuestra experiencia o la copia de una lista de las aves observadas a los propietarios o puesteros del lugar. También será muy enriquecedor conversar con ellos y conocer su experiencia o sus apreciaciones sobre la naturaleza. Tampoco faltará oportunidad para conocer los nombres con que llaman a las distintas especies. Así, podremos recopilar muchos y lindos nombres criollos o locales que muchas veces se pierden en el olvido. En este sentido, los chicos son excelentes fuentes de información.

La entrevista con el poblador local siempre es un recurso interesante para conocer el patrimonio natural y cultural de un lugar, pero que debe ser manejado con cuidado, para no “contaminarlo” culturalmente. Para ello, se sugiere:
· seleccionar a un entrevistado
· explicarle el por qué y la utilidad que tendrá su testimonio
· preguntar con humildad y sin agobiar
· no inducir o conducir sus respuestas (dado que, muchas veces, responderá lo que se desea escuchar, para no decepcionar)
· probar su grado de certeza (con alguna repregunta especializada o concreta, cuya respuesta sea inequívoca y nos esclarezca qué tan buen o veraz observador es)
· agradecer su colaboración y explicitarla en el informe del viaje (si lo hubiere)

A modo de decálogo del buen observador

1. Nunca lo sabremos todo, pero con dedicación, cada vez sabremos más.

2. Dejemos que todo transcurra naturalmente, como si no estuviéramos.

3. Evitemos actos de depredación de otras personas (educando o explicando con comprensión).

4. Dejemos todo igual o mejor que como estaba a nuestro paso, como nos lo enseñó Gerald Durrell.

5. Salgamos con humildad y regresemos con satisfacción.

6. Compartamos las enseñanzas de la naturaleza y la de nuestros maestros.

7. Pensemos previamente en llevar lo que necesitaremos, para no molestar a nadie.

8. No prometamos a la gente de campo nada que no podamos cumplir.

9. Un naturalista es atento con la naturaleza y con las personas.

10. Hay que tener sentido común y un buen corazón.

Lo importante es disfrutar civilizadamente de la naturaleza. Con práctica y tiempo, la experiencia nos permitirá ir reconociendo cada vez más especies y no sólo sabremos sus nombres, sino su historia natural y los problemas que algunas enfrentan para sobrevivir. El primer paso para conservar es conocer. Y, conociendo, todos podemos hacer algo por el patrimonio natural de nuestro país.

 

(*1) Agradecemos al Sr. Claudio Bertonatti, naturalista y museólogo.
Coordinador del Depto. Información y Educación Ambiental de la
Fundación Vida Silvestre Argentina por la información suministrada.

PROHIBIDA SU REPRODUCCION TOTAL O PARCIAL

 

 



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