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Composición
COMO CREAR UNA IMAGEN


Por © José Benito Ruiz

Una de las permanentes asignaturas pendientes de
todo fotógrafo es, sin duda, la composición.
Dominar la composición significa obtener resultados de forma independiente
de la luz o el color. La composición es un valor de suma relevancia en toda obra y define claramente el estado evolutivo de su autor.

Cuando pensamos en componer una imagen tomada de la naturaleza, tendemos a pensar en que nuestros recursos y las posibilidades de afectar al encuadre son muy limitados. La realidad es bien distinta; una focal diferente, un pequeño cambio de posición y los resultados pueden variar considerablemente. ¿Cómo aprender entonces a componer para que nuestras imágenes sean impactantes? Debemos profundizar en los valores y técnicas de composición y después decidir cómo los aplicamos en busca de nuestro propio estilo.
Por supuesto que la composición es un estado avanzado de la fotografía, que comienza a despertar nuestro interés cuando logramos dominar la técnica y queremos avanzar en los esquemas visuales de nuestras imágenes. Para comenzar debemos conocer los elementos de la sintaxis visual, las técnicas de expresión y comunicación visual, así como los procesos básicos de evaluación.


SINTAXIS DE LA IMAGEN
La sintaxis visual estudia los componentes de una imagen y profundiza en las líneas generales de construir una composición, por ello ha sido materia de interés y adiestramiento de artistas de todos los tiempos. Los elementos básicos de la comunicación visual constituyen la materia prima en el lenguaje de la imagen y pueden ser reconocidos en todos los niveles de inteligencia visual.
El lenguaje hablado permite la comunicación entre las personas que conozcan su dialecto, pero aleja y aísla a los que no lo comparten. Sin embargo el lenguaje visual es universal y permite transmitir informaciones muy complejas e ideas al instante a cualquier persona del planeta.

El punto
Es la unidad más simple, de forma redonda, la más abundante en la naturaleza. Cualquier punto tiene una enorme fuerza de atracción para el ojo, tanto si su presencia es natural como si ha sido colocado allí por el ser humano con algún propósito. Dos puntos constituyen una sólida medición del espacio, una referencia de distancia. La densidad de los puntos en un diseño dirige la mirada y desplaza el peso visual hacia el lugar en que se encuentran. Cuando los puntos se conectan entre sí pueden crear una línea y por tanto transmitir movimiento. La proximidad de los puntos crea tono y color, por ello son la base de la impresión de las imágenes. Los cuatro colores básicos aplicados a puntos dan como resultado la cuatricomía, el proceso de reproducción de imágenes por imprenta.

La línea.

Cuando los puntos están muy próximos entre sí y no pueden reconocerse de forma individual aumenta la sensación de direccionalidad y se crea un elemento diferenciado: la línea. La línea tiene una gran energía, ya que no es estática, puede ser inflexible y recta o dinámica y curva. La frontera visual entre dos tonos también crea una línea.

El contorno.

La línea cerrada describe un contorno. Los contornos básicos son el cuadrado, el círculo y el triángulo equilátero. Son figuras planas pero con atributos propios. Al cuadrado se asocian conceptos de torpeza, honestidad, rectitud y esmero. El triángulo denota acción, conflicto y tensión. Al círculo asociamos la infinitud, la calidez y la seguridad. Las formas circulares son menos desafiantes que las oblongas al no tener angulaciones.

La dirección.

Las fuerzas direccionales son muy importantes para la intención compositiva dirigida a un efecto y un significado finales. Los contornos básicos expresan a su vez tres direcciones básicas:
1.- Horizontal y vertical. Cuadrado. Reflejan la estabilidad. La referencia horizontal-vertical es la base de nuestro equilibrio.
2.- Diagonal. Triángulo. La diagonal refleja la inestabilidad, es la formulación visual más provocadora.
3.- Curva. Círculo. Tiene significados asociados de encuadramiento y repetición.


El tono.

Vemos los objetos gracias a que la luz no se refleja por igual en las superficies, aunque llegue a ellas de forma uniforme. Estas variaciones con que la luz es reflejada, el tono, son el medio con el que podemos distinguir la compleja información visual del entorno. Entre la oscuridad y la luz existen en la naturaleza múltiples gradaciones sutiles. Cuando vemos un tono en la realidad vemos auténtica luz, mientras que cuando lo vemos representado gráficamente sólo vemos un pigmento utilizado para simular ese tono natural.
Las diferencias tonales marcan líneas de separación y nos permiten apreciar volúmenes y distancias. Si la luz no se repartiera por el entorno creando tonos veríamos lo mismo que en la total oscuridad: nada. Las tonalidades entre el blanco y el negro se expresan mediante tonos de gris. La escala tonal del sistema de zonas es de 9 tonos de gris, pero hay otras escalas de 7, 13 e incluso de 30 grados. El tono es un elemento que expresa la dimensión, la profundidad. Ni siquiera la perspectiva y los diversos artificios logran crear sensación de volumen tridimensional sin el tono, de ahí su gran importancia, de ahí la relevancia de aprender a ver tonos donde hay colores.

 

 


El color.

El tono tiene relaciones intrínsecas con nuestra supervivencia, mientras que el color causa una profunda evocación de emociones. El color está cargado de información y es una experiencia visual muy penetrante. Los colores componen un complejo alfabeto de significados simbólicos que podemos utilizar. Sus tres dimensiones pueden ser definidas y medidas: el matiz, la saturación y el brillo. El matiz o croma es el color mismo. De los tres matices elementales, amarillo, rojo y azul surgen más de 100 combinaciones perceptibles. Las gamas tonales comparten efectos y composiciones comunes. El amarillo es el color que se considera más próximo a la luz. El rojo es el más emocional y activo, representa el calor. Ambos matices cálidos tienden a expandirse en la imagen, mientras que el azul es pasivo, suave y es contractivo. Cuando se asocian en mezclas se obtienen nuevos matices y connotaciones.

La saturación de un color hace referencia a su pureza respecto al gris. El color saturado es simple, casi primitivo y es muy explícito. Está compuesto de matices primarios (amarillo, rojo, azul) y secundarios (naranja, verde, violeta). Cuanto más saturada es la coloración de un objeto, más cargado está de expresión y emoción. Los colores pasteles menos saturados transmiten sutileza y tranquilidad. El brillo es una dimensión acromática. Va desde la luz hasta la oscuridad, es decir hace referencia a la intensidad, al valor de las gradaciones tonales. La presencia o ausencia de color no afecta al tono, que es constante. El amarillo es el color de mayor reflactancia, el único que se vuelve más brillante a mayor saturación. Muchos colores tienen su máxima luminancia al ser emplazados sobre un fondo negro o neutro.
El orden de dominancia de los colores depende principalmente de su presencia en la imagen, de la superficie que ocupa, además de si éste es color de fondo o color de sujeto y también del peso de los colores. Los colores más pesados hacen parecer los objetos más pequeños. El color que mayor peso visual tiene es el rojo, seguido del naranja, el azul, el verde... y por último el amarillo.

La textura.

Es un elemento visual pero que despierta también sensaciones táctiles. Las texturas reales pueden ser identificadas mediante ambos sentidos, mientras que sus representaciones gráficas sólo pueden ser identificadas por la vista.
En el mundo real la información del ojo suele ser confirmada por la sensación táctil. ¿Es realmente suave o sólo lo parece? La textura real está relacionada con la composición de la materia, aunque muchas imágenes nos pueden evocar una textura sin representarla realmente. Es el caso de una imagen aérea que nos muestre un patrón regular, como un campo lleno de surcos regulares, por ejemplo. Una cualidad de la textura es precisamente esa, la regularidad.

La escala.

La escala es la definición de un tamaño mediante el establecimiento de una comparación, de una referencia. Lo grande sólo es grande junto a lo pequeño. Y lo grande puede parecer pequeño si incluimos un elemento de tamaño aún mayor. La escala permite manipular el espacio en las representaciones gráficas y artísticas. La referencia más empleada para obtener una escala ha sido la figura humana.
Existen fórmulas proporcionales sobre las que basar una escala, la más famosa es la “sección aúrea” empleada en la Grecia clásica. Es una fórmula matemática de gran elegancia visual. Esta fórmula fue usada para crear desde ánforas hasta las plantas y alzados de los templos. La versión contemporánea más notable de la escala es la introducida por el arquitecto francés Le Corbusier, que basa su modularidad en escalar en el tamaño y proporciones del hombre. El control de la escala puede hacer que un rincón parezca un gran paisaje y al contrario. La escala nos permite manipular en cierta medida la sensación de espacio.


La dimensión.

La representación volumétrica en formatos bidimensionales es también ilusoria. En el mundo real nuestra visión estereoscópica binocular nos permite verla y sentirla, pero en ninguna representación gráfica bidimensional de la realidad (pintura, fotografía…) existe un volumen real. El artificio fundamental para emular la dimensión es la convección técnica de la perspectiva. Si a una perspectiva le añadimos valores tonales, el claroscuro a base de luces y sombras, podemos realzar de forma espectacular la sensación de volumen. La perspectiva tiene fórmulas exactas con numerosas y complicadas reglas. El uso de puntos de fuga (uno o varios) es esencial para conseguir el efecto de la perspectiva. Nuestra vista registra la dimensión como ninguna cámara puede hacerlo. La cámara fotográfica con sus lentes no puede competir con nuestro ojo sin recurrir a las enormes distorsiones del ojo de pez. Por el contrario, el uso de teleobjetivos muestra una realidad negada al ojo, un detalle distante que el ojo desnudo no puede percibir. Aunque sepamos que la perspectiva de la cámara es diferente a la del ojo humano la cámara puede reproducir el entorno con gran precisión y detalle.

 

 


El movimiento.

Es un elemento presente en las composiciones con mucha más frecuencia de lo explícitamente reconocible. La imagen es, en sí misma, fija, inmóvil, pero podemos dotarla de dinamismo empleando de nuevo ciertas técnicas o artificios, como es el caso del barrido o de la distribución de líneas y puntos en el encuadre. Nuestra composición puede obligar al ojo a recorrerla de izquierda a derecha, de arriba abajo, en diagonal, dependiendo de la distribución de los elementos. El movimiento en una imagen estática se debe a la actividad ocular/cerebral, el fenómeno fisiológico de la “persistencia de la visión”. En el proceso de la visión abunda el dinamismo. El ojo recorre incansablemente el entorno. Cada persona tiene sus propios patrones de exploración, con preferencia izquierda-derecha y arriba-abajo. Nuestra composición puede obligar al ojo a realizar un determinado recorrido, a entrar a la imagen por un lugar determinado y a permanecer en ella por un espacio indefinido en caso de ser una composición cerrada. En general el ojo sigue a la línea y busca acabar en el punto, o bien parte de un punto y sigue un trazado por otros puntos que se alejan, además busca circular por los espacios iluminados de la imagen o bien, en el caso de una imagen luminosa, puede suceder todo lo contrario.
Estos son todos los elementos que componen una imagen. Saber reconocerlos en nuestro encuadre, utilizarlos, reubicarlos y componer con ellos es tanto o más importante que el correcto manejo de nuestro equipo. Y sin duda es uno de los primeros pasos en el estudio de una imagen y de su composición.
Procesos de evaluación

La composición es una de las asignaturas más complejas en la fotografía, especialmente en el paisaje, aunque se aplica a todas las especialidades. No sólo debemos aprender a componer con los elementos básicos: el punto, la línea, el contorno, la dirección, el tono, el color, la textura, la escala, la dimensión y el movimiento. Además debemos aplicar las técnicas de comunicación visual y los valores que oscilan entre los pares enfrentados de armonía y contraste. La aplicación de los procesos de síntesis y análisis a obras pictóricas o fotográficas resulta un ejercicio excelente. A la hora de examinar y valorar nuestras imágenes, estos procesos nos ayudarán a comprender mejor la composición, a mejorar la distribución de los elementos en el espacio, a transmitir mejor y reforzar las sensaciones de las fotografías que realizamos.

 

 


Síntesis.

Sintetizar, tratar de simplificar, de resumir, de concretar, ver la imagen reducida a los mínimos elementos, reducir su mensaje, expresarlo con los mínimos elementos. Prescindir de lo accesorio, aunque esté presente, y valorarla así, por comparación, la imagen real, tal y como la captamos, con aquella otra que procede de nuestro esfuerzo mental o representativo que está sintetizada al máximo. De esta comparación debemos descubrir qué imagen transmite mejor nuestro propósito.
El proceso de síntesis es elemental, directo, rápido, intuitivo. No debe ser utilizado de forma profunda, pero sí precisa. Es importante aplicarlo en el momento de la toma. La síntesis se aplica únicamente a la imagen como un todo. Supone reducir los valores de la imagen a su mínima expresión. Sintetizar permite encontrar el mensaje, la sensación primaria. Eliminar todo lo accesorio y centrar la atención en pocos elementos.
Como modelo podemos aplicarlo de la siguiente forma:

-Contemplación de la imagen como un todo. Reducción de los elementos a formas básicas. Detección del valor primario de la imagen.
-Refuerzo del valor primario a resaltar: mensaje o sensaciones.

 



Análisis.

Analizar, buscar y apreciar todos y cada uno de los elementos que componen nuestra imagen, ubicarlos, reubicarlos, justificar o no su presencia… El análisis se aplica también al mensaje, a las técnicas de comunicación visual y debe ser exhaustivo. La fragmentación de la imagen en sus componentes permitirá valorar la composición y que realicemos el esfuerzo de colocar los objetos en el espacio, ejercicio sumamente útil a la hora de componer una nueva imagen en la naturaleza.

El proceso de análisis debe ser aplicado de forma profunda. Y en dos ocasiones, en el momento de la toma y en el estudio. El análisis debe aplicarse a la imagen como un todo en primer lugar, y a las diferentes partes de la imagen en un segundo lugar. Supone escrutar visualmente. Cualquier ambigüedad, distorsión del mensaje o incoherencia debe ser detectado.

 

Como modelo podemos aplicarlo de la siguiente forma:
-Detección de fallos técnicos en la toma (medición de la luz, colores, contrastes, falta de nitidez, fallos en el enfoque). Corrección mediante la técnica y el equipo.
-Búsqueda de mejoras compositivas.
Las técnicas de comunicación visual

En el análisis de un encuadre no sólo percibimos los elementos básicos, éstos interactúan de forma variable y pueden provocar diferentes sensaciones según su distribución espacial. En una composición entran en juego una serie de factores o fuerzas de expresión que determinan en gran medida el impacto visual de la imagen. Debemos atender a ellas como segunda fase de la comprensión compositiva. La corriente Gestalt estudió preferentemente el campo de la percepción visual, cómo el ser humano ve el estímulo visual, lo organiza y elabora una respuesta psicofísica. La psicología Gestalt se basa en que la observación de los elementos sueltos de un mensaje visual no tiene el mismo impacto que el todo. Es decir que un mensaje puede cobrar otra apariencia cambiando la distribución de sus elementos básicos. Es en sí misma una corriente amplia que aparece en Alemania a principios del siglo XX y que tuvo una gran incidencia en las artes visuales.

 

Hay elementos en el mensaje visual que pueden ser medidos de forma intelectual o mecánica, sin embargo, otros evocan directamente emociones y sentimientos, aquellos que pueden ser más fácilmente apreciados en un nivel de expresión abstracto. La información visual debe ser transmitida de forma precisa y clara, resaltando esos valores genéricos que trascienden al espectador sea cual sea su formación cultural y a los que responde con similares reacciones.
Éstos son algunos de ellos:


Equilibrio.
La influencia psicológica y física más importante sobre nuestra percepción es la necesidad de equilibrio. El equilibrio es una referencia visual fuerte y firme, una base sobre la que elaborar sensaciones visuales. El equilibrio es fundamental en la Naturaleza, ya que su estado opuesto es el colapso. La desestabilización del equilibrio atrae poderosamente la atención y crea intranquilidad; es un valor de contraste, que se aleja del equilibrio armónico. El equilibrio simétrico resulta muy aparente pero no representa ninguna sorpresa visual. El equilibrio asimétrico se consigue distribuyendo elementos diferentes en el espacio, de forma que unos compensen el peso visual de los otros.

La linealidad horizontal-vertical es la relación básica del ser humano con su entorno. Por ello tendemos a buscar ejes en las imágenes. En primer lugar buscamos un eje vertical con un referente secundario horizontal. Entre ambos establecen los factores estructurales que miden el equilibrio. El eje es una constante inconsciente y muy dominadora en el acto de ver.

 


Tensión.

La tensión está muy relacionada con el equilibrio, sin ser su opuesta. La tensión desorienta y alerta, exige un esfuerzo extra de atención, un valor de contraste para acentuar el mensaje. Muchos objetos del entorno no parecen tener estabilidad, su forma o posición nos provocan tensión emocional. En el caso de figuras simétricas es fácil apreciar su equilibrio en el espacio. Sin embargo, con figuras irregulares el análisis y establecimiento de equilibrio es más complejo. La tensión no es un valor de juicio -bueno o malo- es una técnica más para comunicar o crear estilo.


Descentramiento.

La variación de la nivelación y la angulación de un elemento en un encuadre es otro valor de contraste, de llamada. En un campo de visión rectangular, la ubicación de un punto en el centro geométrico de un mapa estructural no ofrece sorpresa visual, es totalmente armoniosa. La colocación claramente excéntrica obliga al ojo a esforzarse en el análisis inconsciente del equilibrio. Un pequeño descentramiento sólo producirá confusión al no estar claramente centrado ni todo lo contrario. La ambigüedad no es deseable desde una sintaxis visual correcta. De este principio parten reglas fotográficas de composición muy simplificadas como la de los tercios del horizonte o la de los puntos de interés, que tienen su origen en reglas de proporción como la sección áurea.

 

 


Agrupamiento.

Los elementos en una composición interactúan y se relacionan con su entorno inmediato. Un punto aislado llama la atención nítidamente e interactúa sin trabas con su entorno. Dos o tres puntos equidistantes y equilibrados luchan entre sí por captar la atención, crean entornos independientes, se repelen. Los puntos próximos congenian, se atraen, crean formas más definidas cuanto más juntos están. Su atracción visual es fuerte y pueden desestabilizar el encuadre. A la hora de componer con elementos diferentes hay que considerar que los semejantes se atraen y crean líneas imaginarias, mientras que los opuestos se repelen. Las agrupaciones visuales del subconsciente se basan en similitudes de forma, tamaño, textura, tono, etc.

 

 


Positividad-Negatividad.

Los tonos crean visiones positivas y negativas. El ojo puede ver como forma principal la opaca o bien su contorno externo. El elemento positivo no siempre es el claro o el oscuro, es aquel que nuestro ojo percibe primero, el que domina la visión. El negativo es el otro que subyace, el pasivo, el que no vemos sin esfuerzo. Cada ojo tiene su positividad particular y siempre verá primero una de las formas.

Expansión.

Los elementos claros como el círculo sobre fondo oscuro dan la sensación de expandirse, de aumentar de tamaño y acercarse al observador. Por el contrario el círculo negro sobre fondo blanco se contrae, amenaza con ser engullido por la luz. El dominio de la técnica anterior de positividad / negatividad da como resultado el poder resaltar elementos en nuestros encuadres con resaltes tonales. La positividad junto con la expansión crean sensaciones de gran volumen y resalte -recordemos que sobre un fondo negro los colores adquieren su mayor luminosidad-.
Existen otras fuerzas expresivas, aquí se han tratado algunas que sirven como ejemplos.
El estilo.
Los pares opuestos

La comunicación visual utiliza los elementos básicos con un énfasis cambiante para obtener los diferentes efectos. Las técnicas de comunicación se mueven entre los múltiples puntos que hay entre sus dos polos opuestos: la armonía, estable y equilibrada y el contraste, dinámico e inestable. La armonía es femenina y blanca; el contraste, masculino y negro. Todos los grises intermedios vienen dados por valores pares enfrentados como lo están la armonía y el contraste.

El contraste es una fuerza vital para expresarse, para intensificar un mensaje. El aburrimiento es una amenaza en un diseño visual. La mente y el ojo exigen estímulos y sorpresas y tanto la audacia del mensaje como su éxito dependen del contraste. Como ejemplo, Rembrandt eliminaba los tonos medios para reforzar el aspecto teatral y dramático de sus obras. El contraste nos permite crear hipérboles que magnifiquen un elemento, anomalías que llamen la atención en una composición constante o efectos comparativos, como el que la arena, compuesta de granos, parezca lisa por contraposición de una masa de guijarros gruesos, por ejemplo. El contraste es un valor que suele aplicarse a los tonos, los colores, los contornos o la escala.

 



Las soluciones visuales deben venir estructuradas a través del estilo, personal y cultural. Los estilos en el arte hacen referencia fundamentalmente a una metodología expresiva y por ella son reconocidos. Es el método, los refinamientos y las variantes de la técnica los que permiten identificar la individualidad estilística, o bien la comunidad con otros artistas en un mismo estilo. De esta forma, atendiendo a la metodología y a la forma de expresión, podemos crear un estilo propio en nuestras imágenes.

A R M O N I A
C O N T R A S T E
Contención
Exageración
Predecibilidad
Espontaneidad
Simetría
Asimetría
Equilibrio
Inestabilidad
Unidad
Fragmentación
Opacidad
Transparencia
Sencillez
Complejidad
Superficialidad
Profundidad
Redondez
Angularidad
Horizontalidad
Verticalidad

Las soluciones visuales deben venir estructuradas a través del estilo, personal y cultural. Los estilos en el arte hacen referencia a una metodología expresiva fundamentalmente y por ella son reconocidos, aunque hagan referencia a enclaves, periodos o emplazamientos: Bizantino, Renacentista, barroco, Impresionista, Dadá, Flamenco, Gótico, Bauhaus, Victoriano… Es el método, los refinamientos y las variantes de la técnica los que permiten identificar la individualidad estilística, o bien la comunidad con otros artistas en un mismo estilo.
Comparación de valores en diferentes estilos:
CLÁSICO
GÓTICO
BARROCO
Armonía
Exageración
Complejidad
Simplicidad
Espontaneidad
Profusión
Representación
Actividad
Exageración
Simetría
Complejidad
Redondez
Convencionalismo
Discursividad
Audacia
Organización
Audacia
Detallismo
Dimensionalidad
Variación
Variedad
Coherencia
Distorsión
Colorismo
Pasividad
Irregularidad
Actividad
Unidad
Experimentalismo
Diversidad
Verticalidad


La comprensión y la meditación sobre la relación profunda y poco explícita entre la armonía y el contraste son fundamentales a la hora de afrontar las composiciones. Un paisaje en el que todo es armónico nos transmitirá paz, pero también aburrimiento visual: un esquema en el que todo está resuelto, cada elemento ocupa el lugar para el que parece haber sido concebido, sin ninguna sorpresa visual. Sin embargo un paisaje con valores de contraste también puede lograr transmitirnos paz y sosiego, pero desde fórmulas más arriesgadas y menos convencionales. La comparativa visual podría ser un ejemplo de equilibrio simétrico, sobre un eje horizontal o vertical, y otro asimétrico, en el que unos elementos compensan el peso o la presencia visual de otros sin tener simetría alguna.

 

 

Nuestra inteligencia visual funciona en tres niveles: realista, abstracto y simbólico y podemos crear interacciones armoniosas dentro de este sincretismo. Las fuerzas de la expresión pueden ser manejadas para dosificar el impacto visual de la imagen. Las soluciones visuales deben venir estructuradas a través del estilo, personal y cultural. Los estilos en el arte hacen referencia a una metodología expresiva fundamentalmente y por ella son reconocidos, aunque hagan referencia a enclaves, periodos o emplazamientos. Es el método, los refinamientos y las variantes de la técnica los que permiten identificar la individualidad estilística, o bien la comunidad con otros artistas en un mismo estilo.
Ejercicios
Si practicamos estas técnicas con diversos ejercicios podremos mejorar y/o entender mejor nuestras composiciones y el porqué de su impacto visual. El porqué tiene mayor prioridad para nuestro ojo el ángulo inferior izquierdo de una composición, el valor de las diferencias de peso arriba/abajo e izquierda/derecha en las decisiones compositivas... Además de las formas consideraremos más las luces, ya que el ojo circula por ellas a lo largo de una imagen. Por tanto la conjugación de las posiciones de las formas y las luces determinan la composición de una imagen y su impacto.

Si somos capaces de crear una imagen a base de puntos y líneas ¿Cuánto no podremos mejorarla con una fotografía en blanco y negro del mundo real? Y una vez que podemos crear imágenes estéticas y llenas de contenido ¿Cuánto mejor podremos enriquecerlas con el color?

 

 

La finalidad de estos ejercicios que propongo es únicamente trabajar por separado los elementos básicos de la sintaxis de la imagen. En este caso las prácticas son simples pero útiles ejercicios de composición. Para avanzar y profundizar debemos acometer con posterioridad ejercicios de estilo, para también definir por separado los valores pares de la armonía y el contraste: Unidad – Fragmentación, Escasez – Profusión, Opacidad – Transparencia…
-El dibujo de líneas con los elementos básicos. Realizar encuadres tanto verticales como horizontales sobre papel y distribuir en ellos puntos, líneas y contornos. Prestar especial atención a la dirección y la escala.
-La distribución de elementos dados para componer una escena. Con el dibujo o recorte de un árbol, círculos, cuadrados, triángulos y líneas en cantidad definida de antemano, componer un encuadre.
-Plasmar dentro de un encuadre determinadas sensaciones y lo que nos inspiran a base de dibujos abstractos de líneas. Por ejemplo, el odio podemos representarlo con ángulos y líneas diagonales.
-Reducir a dibujos esquemáticos con las formas básicas algunas de nuestras mejores fotos.
-La fotografía en B/N. Realizar encuadres y fotografiarlos en blanco y negro. Comparar los resultados con el color. Obviamente debemos prestar atención a la composición y distribución de elementos y sus tonos, no al color. Dedicar tiempo a ver imágenes en blanco y negro de autores reconocidos. Pasar algunas de nuestras mejores imágenes al B/N y analizarlas.
-Dedicar varias salidas a realizar fotos experimentales jugando sólo con el color. Realizar fotos desenfocadas prestando atención sólo a la distribución de colores y formas abstractas.

-La aplicación de todo a la fotografía en color. Una vez que dominamos algunas de las partes de la composición empezamos a aplicarlo todo junto con el color. Cuánto más largo haya sido nuestros proceso previo de ejercitación, mejores serán los resultados.

 

© José Benito Ruiz
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