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Tecnica
LA LUZ EN LA FOTOGRAFIA DE PAISAJE


Por © Roberto Bueno / NS

El paisaje es el escenario natural donde el fotógrafo se interna en busca de las imágenes que la Naturaleza ofrece. Empaparse en ella y descubrir los caprichos de la luz forma parte del embrujo de nuestra pasión fotográfica.

El paisaje es luz

Todo lo que vemos con nuestros ojos, no es más que la luz que se refleja en aquello que está dentro de nuestro alcance visual. Dependiendo de la calidad y el color de la luz que reciba, nuestra percepción de un mismo entorno puede variar de manera considerable.
De todos los elementos que concurren para que la imagen de un paisaje se convierta en una fotografía especial, es la luz -por encima del propio motivo o de la composición final- la que tiene una mayor importancia cualitativa.

La luz adquiere categoría de mágica en los dos extremos opuestos del día, inundando el paisaje con alargadas sombras que contrastan con fugaces y cálidas formas. Es en los crepúsculos y amaneceres cuando la luz del sol recorre una distancia más grande a través de la atmósfera terrestre. En ese recorrido, los haces de luz se encuentran con un mayor número de partículas de polvo y vapor de agua suspendidas en el aire, difractándose en ellas, hasta convertirse en ese cálido matiz naranja que tantas imágenes de atardeceres -con el sol como protagonista del encuadre- ha dado. En esos instantes, es precisamente en la dirección opuesta al sol donde se consigue la mejor luz, ya que ésta se refleja en el paisaje dándole especial color y relieve, creando texturas en rocas y árboles que no se observan en ningún otro momento del día. Lo efímero de estas luces obliga al fotógrafo a estar allí, en ese momento, y con todo su equipo preparado, soportando el madrugón o con el riesgo de que no le esperen a cenar.
Pero no siempre la luz del sol incide directamente sobre el paisaje bañándolo con cálidos colores, ni todo es alba u ocaso, ni solo esos momentos provocan buenas imágenes. La Naturaleza nos regala con infinita variedades de luz que hacen que nuestro trabajo fotográfico pueda ser diverso y sorprendente.

Una de esas ocasiones es cuando la luz del sol llega a la Tierra filtrada por un fino velo de nubes que, sin oscurecer el paisaje, la difunde de manera uniforme, creando un agradable efecto de luz difusa que atenúa reflejos y suaviza las sombras. Las luces intensas y las sombras densas tienden a encontrarse en un punto en el que los detalles, antes escondidos tras los fuertes contrastes de un día soleado, empiezan a aparecer.

Esta situación es bien conocida y aprovechada por los fotógrafos de flora silvestre, ya
que las nubes hacen de gigantesco reflector y eliminan las duras iluminaciones de un sol directo. Es el reino de los tonos medios, en el que desaparecen casi por completo los problemas de exposiciones extremas que la luz intensa del Sol provoca con frecuencia.

Complicadas situaciones de exposición se dan, por ejemplo, en los contraluces, poniendo en apuros al fotómetro de nuestra cámara, que quiere dividirse entre la medición de las zonas en sombra y las iluminadas. Exponiendo para éstas últimas, el fotógrafo sacará el mejor partido de un contraluz aprovechando formas, objetos, relieves geográficos o cualquier
otra cosa que haya elegido como motivo principal de su composición, pues el acusado contraste crea siluetas, realza el paisaje y da fuerza a la escena.



Uno de los efectos menos deseados en las imágenes de contraluces, es la aparición de "flare", término inglés utilizado para designar los reflejos que, en forma circular o poligonal, se forman en la película cuando la luz frontal atraviesa las lentes de nuestro
objetivo. Se puede tratar de evitar o minimizar de varias maneras: asegurarse de que el objetivo está a la sombra (se puede utilizar la mano a tal fin), inclinar ligeramente la cámara hacia abajo siempre que la composición lo permita, quitar cualquier filtro que
haya en el frontal de la lente y utilizar siempre un parasol en el objetivo. En fin, todo aquello que se nos ocurra y que evite que los rayos de luz incidan direc tamente sobre la película.

Como vemos, la luz puede teñir los paisajes y crearle mil máscaras cambiantes de matices únicos.
Cuando está de nuestro lado, es capaz de transformar escenas anodinas en bellas imágenes. Y el fotógrafo, mediante la observación continua de la Naturaleza y
su habilidad para interpretarla y predecir sus cambios, estará allí preparado para sacar la mejor imagen.

Filtrar la luz

Asumida la primacía de la luz en la calidad de una imagen fotográfica y dada la diversidad de luces perfectas y mágicas con las que la Naturaleza nos obsequia, ¿porqué entonces se utilizan algunos filtros en la fotografía de paisajes?
Ya sea por limitaciones técnicas o químicas de las películas utilizadas, o bien por algunas peculiaridades físicas de la luz natural, se dan situaciones en las que
el uso de determinados filtros se hace aconsejable y casi ineludible. Su utilización ayudará a reflejar de una manera más fiel y precisa aquello que vemos a través del visor de la cámara. Entre estos filtros, los más importantes son los polarizadores, los degrada dos y los cálidos.

El filtro polarizador es el más usado en fotografía de Naturaleza y especialmente en la de paisajes. Su uso elimina los reflejos no deseados que la luz provoca en la superficie del agua, de las rocas o de las hojas de los árboles, cuando incide en ellas la luz
intensa del sol. También es útil para reducir el efecto de las brumas invernales o las calimas veraniegas.
Todo ello conduce a una intensificación de los colores naturales, siendo especialmente notorio en la saturación del azul del cielo, que provoca a su vez un mayor contraste con las nubes, a las que dota de relieve y dinamismo.

El efecto del polarizador es máximo cuando situamos el eje del objetivo a 90º respecto a la posición del sol, y es mínimo cuando estamos de espaldas o de frente a él. Hay que ser cautos en el uso de polarizadores con grandes angulares, pues al abarcar hasta 80º a lo ancho del fotograma, puede ocurrir que se vea su efecto de manera acusada en un lado del mismo y no se aprecie en el opuesto, creando una diferencia notable en el azul del cielo y estropeando la naturalidad de la imagen. Además, un abuso del polarizador con películas de alta saturación de color como las excelentes Fuji Velvia 50 o Kodak E100VS, puede producir cielos anormalmente oscuros. Por todo ello, es necesario ejercer siempre un control previo de la imagen al utilizar este filtro, vigilando su efecto a través del visor de la cámara antes de liberar el obturador.



Otro filtro no menos importante, aunque sí más desconocido, es el llamado filtro degradado. Consta de una mitad transparente unida a otra mitad oscurecida a través de una suave zona de transición entre ambas. Si la mitad oscurecida es de tono gris medio, el filtro se llama degradado neutro, pues no añade ningún color a la imagen, y es el más apropiado en fotografía de paisajes.
El propósito de este filtro es facilitar la toma de fotografías con un elevado contraste entre una zona oscura y una zona luminosa. Es el típico caso de una imagen con paisaje en sombra en la parte inferior y un cielo luminoso en la parte superior. Si en esta situación medimos para que el cielo quede perfectamente expuesto, el paisaje se diluirá en las sombras, perdiendo todo detalle. Si por el contrario exponemos
para sacar el detalle en éstas, la zona con luces quedará sobrexpuesta arruinando nuestra fotografía.


A través del visor estas tomas parecen normales, pues el ojo humano resuelve con facilidad este problema, pero las películas se encuentran limitadas técnicamente a la hora de acomodar contrastes lumínicos acusados. Con el uso del degradado corregimos en gran parte este conflicto creando un balance adecuado entre las zonas iluminadas, que situaríamos tras la zona oscurecida del filtro y las zonas en sombra. Existen degradados con diferente densidad de oscurecimiento, para ajustarse a cada situación que podamos encontrar en nuestras salidas al campo. Los más usados son los que son capaces de compensar diferencias de 2 ó 3 diafragmas entre las zonas de
contraste. Por ejemplo, si tenemos una escena con una colina en sombras, cuya exposición correcta necesitaría un diafragma de f/8, y el cielo iluminado por encima de la misma requiere un diafragma de f/22, el uso de un filtro degradado de 3 diafragmas
proporcionará una correcta exposición. Es importante prestar atención, para que la línea de transición de las dos partes del filtro se confunda suavemente con la zona de contacto entre la colina y el cielo.



Por último, hablaremos de los filtros cálidos.
Estos están destinados a corregir el efecto que la luz ultravioleta provoca en las películas, y que les lleva a adquirir un tono azulado en fotografías realizadas
en sombra, en los días soleados. Esta dominante azul confiere un carácter frío a la fotografía, y para compensarla existen en el mercado estos filtros. Su denominación más conocida varía (81A, 81B, 81C), en función de la intensidad de su efecto. El 81A es el de efecto menos acusado, y se usa además con frecuencia como protección permanente de los objetivos frente a polvo, arañazos o golpes. Los más utilizados
son los 81B y 81C, que añaden una ligera tonalidad anaranjada que contrarresta la citada dominante azul.


Existen en el mercado una gran variedad de filtros de todo tipo, y aunque el fotógrafo de Naturaleza podría en algunos casos agradecer el uso de los llamados filtros creativos, debe evitar la tentación de usar aquellos que proporcionan una visión artificial de la Naturaleza. El fotógrafo debe sacar a relucir su creatividad en la composición de la imagen, pero sin transformar la propia realidad que la Naturaleza nos ofrece. En cualquier caso, el uso de los filtros siempre debe regirse por la máxima de que las mejores fotografías hechas con filtros son aquellas en la que no se aprecia su uso.
© Roberto Bueno / NS

ESTE ARTICULO PERTENECE A LA EDICION DE LA REVISTA "NATURALEZA SALVAJE"
PROHIBIDA SU REPRODUCCION


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