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Técnica
FOTOGRAFIAR TORMENTAS


Por © Juanvi Carrasco



Las tormentas eléctricas y los rayos son fenómenos meteorológicos de gran espectacularidad y sumamente peligrosos. Para poder fotografiarlos tendremos que superar varios inconvenientes, desde encontrar las nubes de tormenta hasta soportar las inclemencias de tiempo severo que suelen acompañarlas: lluvias torrenciales, fuertes vientos o granizo. Si a esto le añadimos miles de kilómetros en coche al año y el inherente riesgo que entraña acercarse a los rayos, tenemos una afición que podría etiquetarse como locura. La mayoría de intentos de fotografiar rayos serán en vano, pero con constancia y tenacidad lo lograremos. Veamos como podemos fotografiar estos fenómenos con una mayor eficacia y seguridad.




Un cumulonimbo se ilumina en la noche debido a su gran actividad eléctrica.
Canon EOS 350D, zoom Canon EF 17-40 mm f/4, 133 sg a f/4, 100 ISO, trípode y cable disparador.

 

Recopilando información
Aunque se pueden fotografiar tormentas eléctricas durante todo el año, podríamos decir que la época estival es la mas propicia debido a la mayor insolación que recibimos en esa época, los episodios suelen ser más virulentos y habituales que en otras estaciones. Fuera de la temporada alta encontraremos mayores dificultades para tomar instantáneas, pues las escasas tormentas suelen ir acompañadas de frentes nubosos que cubren el cielo y además las lluvias son más generalizadas, dificultando nuestra labor.
El primer paso que debemos dar para fotografiar tormentas es recabar la máxima información de dónde y cuándo se van a producir. Y no solo acumular todos los datos meteorológicos posibles, sino también efectuar una correcta interpretación de ellos para optimizar nuestras salidas. No obstante, tendremos que acostumbrarnos a una mayoría de “cacerías” en blanco y después de haber recorrido muchas decenas de kilómetros, volver a casa sin una sola foto interesante. Por esto, se debe salir de “caza” en cada buena oportunidad que se nos presente y ser tenaces en nuestro empeño.

Comenzaremos informándonos, a medio y corto plazo, con los pronósticos del tiempo. Internet ofrece acceso a estas predicciones y podemos consultar, además, modelos de predicción de lluvias, temperaturas o viento, que nos ayudarán en esta fase inicial.
Como últimas herramientas, y quizás las más importantes, sería contar con mapas de satélites y el de rayos. Estos dos tipos de mapas nos informan, con una breve demora en el tiempo, donde están creciendo y aconteciendo realmente las tormentas.
Toda esta información será de menor relevancia cuando tengamos las tormentas en nuestro radio de visión desde casa, pues ya las tendremos localizadas sin necesidad de la ayuda de estos últimos mapas.

La persecución
Una vez tenemos localizada nuestra tormenta desde casa, es hora de salir a por ella e intentar cazar sus nubes y rayos. El coche es el vehículo más adecuado para realizar nuestra persecución, ya que en ocasiones tendremos que soportar fuertes vientos y lluvias, incluso granizo. El proceso de perseguir una tormenta se puede alargar durante varias horas y muchos kilómetros, dependiendo del momento del día que escojamos para empezar la aproximación, la distancia inicial que nos separe de la tormenta y su desplazamiento. Para nuestro acercamiento inicial a la tormenta (hasta que la detectemos visualmente) circularemos, como norma general, por autopistas y carreteras principales. De esta manera, tardaremos el mínimo tiempo posible en llegar hasta ella. Evitaremos las carreteras secundarias ya que en muchas ocasiones nos retrasarán en exceso para alcanzar a tiempo nuestro destino. Es conveniente viajar acompañado.
Si disponemos de una computadora portátil con conexión a Internet vía satélite, podremos seguir la evolución de los núcleos tormentosos. Los mapas de los satélites y el mapa de rayos se suelen actualizar cada hora. En el caso de no tener un portátil con este tipo de conexión, siempre podemos ayudarnos con alguna persona que desde su casa acceda a los mapas y nos vaya enviando la información a nuestro teléfono celular. Incluso mejor, estar en contacto con otros cazadores de tormentas que hayan salido por la zona. Si no contamos con este apoyo, nos arriesgamos a perder nuestras tormentas si han desaparecido o se han desplazado a otra zona. Pero si todo ha ido bien, y hasta el factor incontrolable de la suerte se alía con nosotros, tendremos a la vista a nuestros protagonistas.
Si es de día y no hay mucha nubosidad de tipo medio y bajo, podremos observar las típicas nubes de tormenta, los cumulonimbos. Este tipo de nubes se caracteriza por su rápido crecimiento vertical, fruto de fuertes corrientes ascendentes de aire. Son fácilmente reconocibles debido su gran desarrollo vertical, pudiendo alcanzar más de 10 Km de altitud.

De noche no veremos los cumulonimbos, pero sí los rayos que se originan y que los delatan. Tanto si es de día como de noche, para realizar nuestra aproximación final con el vehículo, utilizaremos la brújula y el mapa para determinar donde se localiza la tormenta y que camino vamos a tomar para tener un buen ángulo de disparo.

 



La verdadera captura
Si hemos conseguido llegar al punto de disponernos a fotografiar, podemos considerarnos afortunados. Hemos superado la fase más complicada y lo que resta es más sencillo, aunque ciertamente más peligroso.

Para fotografiar cumulonimbos intentaremos buscar un ángulo de visión en el cual no se interpongan otras nubes por medio. En el caso que tengamos nubes entre nosotros y las nubes de tormenta, nos fijaremos bien en la dirección y velocidad de su desplazamiento para decidir si esperamos a que nos dejen una visión libre de los cumulonimbos, o bien, nos desplazamos a otro lugar. En las horas centrales del día utilizaremos el filtro polarizador e intentaremos situarnos con el sol a nuestras espaldas. De esta manera, obtendremos fotos de las nubes bien iluminadas y con pocas zonas en sombra. Las mejores luces del día son los amaneceres y atardeceres, en esos momentos los cumulonimbos reciben luces suaves y muchas veces se tiñen de color.

 


El desarrollo vertical de los cumulonimbos puede ser espectacular, pudiendo alcanzar más de 10 km de altura.
Canon Eos 500N, zoom Canon 17-40 mm f/4 L, Fuji Velvia 50, trípode y cable disparador.

 

La guinda de todo este proceso la ponen, sin duda, los rayos. Fotografiarlos de día es una tarea muy complicada y los resultados suelen ser menos estéticos que hacerlo de noche. Si nos fijamos, las tormentas suelen tener zonas eléctricamente más activas que otras. Observando donde descargan los rayos con mayor frecuencia, podremos definir nuestro encuadre, utilizando desde angulares hasta teleobjetivos.
El material que necesitaremos comprenderá una cámara con posición “B” o bulb, objetivos de varias focales, trípode y cable disparador. También se puede utilizar una segunda cámara con su respectivo trípode y cable disparador para obtener otros encuadres al mismo tiempo.

Se suele trabajar con sensibilidad 100 ISO, aunque opcionalmente podemos utilizar 50 ISO con las nubes de día. La elección del diafragma y la velocidad de obturación dependerán de varios factores. La contaminación lumínica de ciudades o pueblos crea tonalidades poco naturales sobre todo en las nubes, acentuándose al aumentar los tiempos de exposición y también cuanto más abierto tengamos el diafragma. La visibilidad que tengamos hasta los rayos se reduce en algunos casos en los que la atmósfera no está suficientemente limpia y en estos casos deberemos utilizar diafragmas más abiertos. Por último, la distancia que nos separe de las descargas eléctricas también influirá en el diafragma a emplear. La precisión de los valores correctos de exposición va mejorando con la experiencia y necesitaremos ir afinándola con el tiempo.

 

 

A continuación les muestro algunos ejemplos y valores aproximados, todos para rayos nocturnos y con sensibilidad 100 ISO:
Sin ningún tipo de iluminación artificial: la exposición se puede alargar muchos minutos, si tenemos cielo visible obtendremos los trazos de las estrellas en nuestra foto. Si la tormenta está lejos (más de 2 Km), el diafragma más cerrado a utilizar será de f5.6, mientras que utilizaremos f8 o superiores cuanto más cerca estemos de los rayos.
Con iluminación artificial proveniente de ciudades o pueblos: Las tormentas lejanas necesitan diafragmas entre f2.8 y f5.6, mientras que la exposición no debería superar los 15 ó 20 segundos. En el caso de tormentas cercanas, podemos cerrar algo más el diafragma, entre f8 y f13, alargando hasta los 30 segundos la exposición.
En la práctica, la cámara se sitúa sobre el trípode, en posición “B” y con el enfoque al infinito. Realizamos el disparo y cuando tengamos uno o varios rayos en nuestra foto, cortamos el disparo. Tan sencillo como eso. Si tenemos que elegir un enfoque menor a infinito o necesitar un objetivo menor de 28mm para llenar el encuadre con los rayos, estaremos quizás tan cerca de ellos que corremos grandes riesgos.

Tres rayos contactan tierra en Teruel, una de las provincias con mayor frecuencia de tormentas eléctricas de nuestro país.
Canon Eos 500N, zoom Canon 28-80 mm f/4-5’6, 30 sg a f/11, Kodak Elite 100, trípode y cable disparador.
Por nuestra seguridad
Fotografiar tormentas eléctricas puede ser una actividad excitante y apasionante, aunque también tremendamente peligrosa. La probabilidad de que un rayo nos alcance en condiciones normales es mínima, pero cuando perseguimos y fotografiamos tormentas eléctricas estamos aumentando enormemente la probabilidad de convertirnos en “cazador cazado”. Hay que tener gran respeto a estos fenómenos tan poderosos y peligrosos que, lamentablemente, todos los años se cobra varias vidas humanas en todo el mundo. Por ello, deberemos ser muy cautos y poner un límite a nuestras acciones y método cuando estamos al alcance de los rayos. Hay que tener en cuenta que un rayo nos podría alcanzar aún situándonos a más de 15 Km de su origen. Los rayos pueden alcanzar temperaturas de más de 25000 ºC y son capaces de averiar cualquier tipo de aparato electrónico, fundir cualquier material, matar animales, personas y literalmente, hacer explotar la corteza de un árbol debido a la vaporización instantánea de su savia.

Cuando estemos fuera de casa o del coche fotografiando, debemos alejarnos de torres de alta tensión, postes eléctricos, vallas metálicas y árboles grandes o aislados. En caso de lluvia, es preferible no usar paraguas, pondremos una protección a nuestra cámara y objetivo, utilizando el parasol del objetivo para evitar las gotitas de lluvia en la lente. Evitaremos llevar el móvil fuera del coche, y mucho menos, utilizarlo. Tampoco llevaremos con nosotros objetos metálicos excepto los que sean imprescindibles. Siempre que estemos al alcance de los rayos, cuanta menor altura tenga la cámara sobre el trípode, mucho mejor. No obstante, siempre que detectemos la mínima sensación de estar en riesgo, debemos entrar en el coche o casa. En el coche, hay que tener precaución con los barrancos y cursos de agua, ya que las lluvias pueden ser torrenciales.

 

Los rayos no siempre contactan en tierra con los objetos más altos, recientes estudios han demostrado que si dos objetos de diferente altura están separados por una determinada distancia, el rayo puede caer con igual probabilidad en cualquiera de los dos. No obstante, los objetos más altos, metálicos, puntiagudos y aislados atraen con mejor eficacia que ningún otro a los rayos. En las zonas urbanas, los pararrayos son los encargados de contactar los rayos con el suelo para evitar daños a edificios y personas. En la naturaleza, alejados de esta protección, los rayos descargan sobre cualquier objeto en tierra que sea capaz de establecer un “puente iónico” suficientemente fuerte con la nube. El interior de un coche o una casa son los lugares más seguros para protegerse de una descarga eléctrica, siempre que tengamos las ventanas y puertas cerradas (las corrientes de aire favorecen el desplazamiento de los rayos) y nos alejemos de todo material metálico que pudiera conducir el rayo hasta nosotros. No obstante, aún siendo los mejores lugares para guarecerse, no son completamente seguros.
Documentación

Conocer los mecanismos por los cuales se forman y desarrollan las tormentas no es imprescindible para poder fotografiarlas. Sin embargo, nos ayudará a interpretar correctamente que estamos viendo en nuestras salidas y fotografías.

 


Una buena opción es incluir las estrellas en nuestras fotos, sobre todo si hemos perdido la posibilidad de acercarnos más a la tormenta.
Canon Eos 500N, zoom Canon 17-40 mm f/4 L, 45 minutos a f/4, Fuji Velvia 100, trípode y cable disparador.
A grandes rasgos, una tormenta se origina cuando columnas de aire cálido y húmedo ascienden por la atmósfera. Cuando estas corrientes llegan a cierta altura, encuentran temperaturas y presiones que condensan la humedad en forma de vapor de agua y crean nubes del tipo cúmulo. Si este flujo ascendente continúa, el vapor de agua llega a capas de la atmósfera, con temperaturas tan bajas como para formar partículas sólidas, llamadas hidrometeoros. Estas partículas comienzan a chocar entre ellas debido a las fuertes corrientes de aire que existen en el interior de un cúmulo en crecimiento. Los choques cargan las partículas con signo positivo o negativo según su tamaño y las cargas se van agrupando en grandes celdas de igual signo dentro de la nube. Normalmente, las cargas negativas se agrupan en la parte inferior de la nube, mientras que en la parte superior se sitúan las cargas positivas. Las cargas negativas, a su vez, inducen un flujo de cargas positivas provenientes de todos los objetos terrestres que están situadas bajo ellas. Por tanto, se genera un gran potencial eléctrico entre cargas de diferente signo. Cuando las caóticas condiciones reinantes en la nube no soportan estas diferencias, se produce el rayo.

Los rayos pueden producirse de nube a nube, dentro de la misma nube, de la nube a tierra o de tierra a la nube, siendo estos últimos los menos frecuentes. La altísima temperatura del rayo calienta el aire que lo rodea generando una onda expansiva, cuyo sonido conocemos como trueno. Los cumulonimbos van modificando su morfología según evolucionan y reciben diferentes nombres para determinar su estado evolutivo.

 

 

Recuerde que su seguridad está por encima de cualquier fotografía. Existen numerosos artículos y manuales en Internet acerca de las medidas de seguridad ante el tiempo severo, y en especial los rayos, de obligada lectura si queremos fotografiar tormentas eléctricas. Por último, les traduzco una frase de Chuck Doswell, un experto en fotografiar tiempo severo: “Cazar tormentas puede ser peligroso; no recomiendo a nadie que lo intente como si se tratara simplemente de una broma o que lo haga de forma despreocupada. De hecho, mi recomendación es que no lo intentéis de ninguna manera.”

 

© Juanvi Carrasco / NS


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ESTE ARTICULO PERTENECE A LA REVISTA "NATURALEZA SALVAJE"


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